domingo, 28 de junio de 2015

Un búfalo vil

Alan García posee el título del presidente más corrupto del Perú. Pero ese rango, conquistado a lo largo de años, no le basta. Ahora está haciendo méritos para ser considerado el exmandatario más mentiroso. Hace unos días, desesperado por no salir airoso del interrogatorio a que lo sometió el fiscal que investiga el caso de los petroaudios, la emprendió contra nuestro diario: nos acusó de recibir dinero negro de Palacio.
Era no solo una calumnia vil. Era un cargo torpe contra un cotidiano que no goza de ningún favor oficial. Era también un insulto canallesco para quienes trabajamos aquí, con sacrificio –y con coraje e independencia– para servir al país y la verdad.
García nos llamó “pasquín”. No conoce sin duda el papel de los pasquines en la lucha de la Ilustración europea. En todo caso, él conoce mejor que nadie el rol de un pasquín en el sentido despectivo. Con la ayuda de la Universidad Alas Peruanas manejada por el Apra, editó una impostura periodística en el afán de suplantarnos y hacernos desaparecer. Contó con la ayuda del secretario general de un partido de izquierda. El periodicucho naufragó.
Un compañero de ese izquierdista ha salido en su defensa arguyendo razones de amistad. Pero cuando se apoya una maniobra reaccionaria la amistad se vuelve complicidad. Los principios, la moral, el interés social, deben prevalecer. Dijo Aristóteles: “Amigo soy de Platón, pero más amigo soy de la verdad.”
Colaborar con el adalid del proimperialismo y la reacción criolla debería merecer siquiera una pincelada de autocrítica.
Alan García tiene motivos para detestarnos. Con la colaboración del doctor Jorge Rendón Vásquez publicamos la exhaustiva investigación que demostró que no era doctor.
Abogados que estudiaron, ellos sí, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos nos informan que cierto profesor sanmarquino aprista, de apellido Gatuzzo, entregó a García, hace años el título de abogado. Toda la gestión le había hecho el contador público José Ferreyra García. Un grupo, con el doctor Mario Camacho, fue a casa de García, un día en que este celebraba su cumpleaños, para entregarle el cartón.
García les preguntó: “¿Y el título de bachiller?”. Gatuzzo le contestó: “No te preocupes, que ese título es más fácil de sacar”.
En agosto de 2014, revelamos otra impostura del mentiroso profesional: el grado de magister que le había otorgado la Universidad San Martín de Porres carecía de validez, porque García no asistió regularmente a clases y no cumplió con los estatutos y reglamentos de ese centro de estudios.
En otra ocasión desenmascaramos su papel en los narcoindultos otorgados “en consulta con Dios”.
¿Alguien le cree a ese impostor que hasta calumnia a Dios?

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