Era no solo una calumnia vil. Era un cargo torpe contra un cotidiano que no goza de ningún favor oficial. Era también un insulto canallesco para quienes trabajamos aquí, con sacrificio –y con coraje e independencia– para servir al país y la verdad.
Colaborar con el adalid del proimperialismo y la reacción criolla debería merecer siquiera una pincelada de autocrítica.
Abogados que estudiaron, ellos sí, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos nos informan que cierto profesor sanmarquino aprista, de apellido Gatuzzo, entregó a García, hace años el título de abogado. Toda la gestión le había hecho el contador público José Ferreyra García. Un grupo, con el doctor Mario Camacho, fue a casa de García, un día en que este celebraba su cumpleaños, para entregarle el cartón.
García les preguntó: “¿Y el título de bachiller?”. Gatuzzo le contestó: “No te preocupes, que ese título es más fácil de sacar”.
En agosto de 2014, revelamos otra impostura del mentiroso profesional: el grado de magister que le había otorgado la Universidad San Martín de Porres carecía de validez, porque García no asistió regularmente a clases y no cumplió con los estatutos y reglamentos de ese centro de estudios.
En otra ocasión desenmascaramos su papel en los narcoindultos otorgados “en consulta con Dios”.
¿Alguien le cree a ese impostor que hasta calumnia a Dios?