Ayer, en este diario,
Alberto Adrianzén lanzó la excomunión contra un sector importante y
respetable de la izquierda peruana. Dijo que el frente Únete por la
Democracia del cual él es portavoz no puede ser aliado del partido
Tierra y Libertad por la “vinculación de este con hechos negativos en
las protestas antimineras en la provincia de Islay”.
No se sabe a qué hechos se refiere, pero lo esencial es que ellos
bastan para excluir al partido de Marco Arana de su coalición –que
encabezan Salomón Lerner, Yehude Simon y Rolando Breña–.
La idea parece compartida por algunos dirigentes de Únete. Por lo
pronto, el nombre que ha adoptado expresa una intención de primacía
hegemónica. No dice: “Unámonos”, sino Únete a mí. Expresé desde enero mi
temor a que esa fuera la dirección adoptada.
Tierra y Libertad tiene títulos de lucha local y social en Cajamarca y
en otros lugares como Islay. No necesita réclame ajeno. Pero en la
etapa preelectoral que atravesamos y frente al peligro de una vasta y
multitudinaria coalición de la ultraderecha, practicar la desunión no es
una táctica oportuna ni adecuada.
Los sectores afines a Únete no están creciendo ni entusiasmando a las
masas. Hace poco, en una concentración de mineros, en Lima, Yehude
Simon, precandidato presidencial en Únete, intentó pronunciar un
discurso. Apenas apareció en el estrado, un grupo de jóvenes mineros y
estudiantes empezó a corear: “¡La sangre derramada / jamás será
olvidada!”. Recordaban la masacre de Bagua, cometida cuando Simon era
presidente del Consejo de Ministros de Alan García.
Un recurso frecuente de los hegemonistas y antiunitarios es atribuir
actitudes deleznables a quienes no comulgan en su altar. Para ello,
suelen presentar caricaturas de estos. Por ejemplo, hace algunas semanas
un colega de esta redacción afirmó que en la Izquierda hay quienes
consideran que solo pueden aliarse con quienes tienen el mismo programa
que ellos.
No conozco ningún partido, movimiento o persona que esgrima esa
enormidad. Pero construido así al ridículo fantoche es fácil
desbaratarlo y salir victorioso. El resultado es una grotesca parodia
del combate de don Quijote contra las ruedas de molino.
Con mentiras o espantajos no se construye la unidad.
Ayer, en La República, el analista Steven Levitsky ideó tres
propuestas para la izquierda: jubilar a la vieja guardia; abandonar
símbolos anticuados; repensar su base social, yendo más allá de obreros y
campesinos, sin excluirlos.
Por eso hay que escuchar a los jóvenes y construir la unidad con su aporte.
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