Conocida es la frase con que Alberto Químper, director de Perú-Petro, describió en tiempos de Alan García el trato ilegal para una concesión petrolera: “Hemos hecho un faenón”.
Aunque se han ocultado pruebas, el país se informó en su momento que
Jorge del Castillo, entonces presidente del Consejo de Ministros, estuvo
involucrado en la turbia negociación por la cual se iban a entregar
cinco lotes petroleros a la empresa noruega Discover Petroleum
International. La citada empresa solo tenía un capital de diez mil
dólares, lo cual en la industria petrolera equivale a cero.
Algo iban a hacer con esa licencia artificiosa. El faenón aludido por
Químper en diálogo con Rómulo León, aprista y exministro de Alan García
en el primer periodo presidencial de este, podría acarrear millones de
dólares si la concesión se vendía al mejor postor.
Del Castillo estaba muy interesado en la operación. Cuando el
escándalo lo incluyó, y se supo de sus citas con el dueño de la
petrolera, se vio obligado a renunciar al premierato, y, de paso, a la
aspiración presidencial que no ocultaba y para lo cual tenía que hacer
caja. Eran los días en que García llamó “rata” a su compañero Rómulo León.
Ahora que el Poder Judicial ha decidido citar a García como testigo
en el caso de los petroaudios, la cúpula aprista asevera que el
expresidente no tiene culpa en el caso. Sin embargo, se sabe que recibió
dos veces en Palacio al empresario Fortunato Canaán, dueño de la
postiza Discover Petroleum.
Por su parte, Luis Nava, secretario e íntimo colaborador de García,
visitó más de una vez a Canaán en su hotel. También Nava estaba
necesitado de fondos para su millonaria campaña en pos de un asiento en
el Parlamento Andino.
El hecho de que en todos los escándalos de corrupción figuren
dirigentes del Apra explica por qué en las encuestas el Partido Aprista
es considerado como el más corrupto del Perú. Yo añadiría que es el
partido de los personajes más cínicos.
Cualquier ciudadano puede otorgar a esos políticos asimismo el
rol de los más exhibidos por el poder mediático en programas estelares,
como estrellas de inocencia rutilante. Eso revela la degradación moral
que campea en ese sector. Hace años, Francisco Umbral, el gran escritor y
columnista español, dijo que la televisión basura no es más que el reflejo de la vida basura que llevamos. El cáncer de la desvergüenza se ha extendido demasiado en nuestro país.
Ahora que se reabre el caso de los petroaudios, sería necesario que
los medios dominados por la derecha hagan un esfuerzo de imparcialidad.
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