viernes, 5 de junio de 2015

García y el faenón

Conocida es la frase con que Alberto Químper, director de Perú-Petro, describió en tiempos de Alan García el trato ilegal para una concesión petrolera: “Hemos hecho un faenón”.

Aunque se han ocultado pruebas, el país se informó en su momento que Jorge del Castillo, entonces presidente del Consejo de Ministros, estuvo involucrado en la turbia negociación por la cual se iban a entregar cinco lotes petroleros a la empresa noruega Discover Petroleum International. La citada empresa solo tenía un capital de diez mil dólares, lo cual en la industria petrolera equivale a cero.

Algo iban a hacer con esa licencia artificiosa. El faenón aludido por Químper en diálogo con Rómulo León, aprista y exministro de Alan García en el primer periodo presidencial de este, podría acarrear millones de dólares si la concesión se vendía al mejor postor.
Del Castillo estaba muy interesado en la operación. Cuando el escándalo lo incluyó, y se supo de sus citas con el dueño de la petrolera, se vio obligado a renunciar al premierato, y, de paso, a la aspiración presidencial que no ocultaba y para lo cual tenía que hacer caja. Eran los días en que García llamó “rata” a su compañero Rómulo León.

Ahora que el Poder Judicial ha decidido citar a García como testigo en el caso de los petroaudios, la cúpula aprista asevera que el expresidente no tiene culpa en el caso. Sin embargo, se sabe que recibió dos veces en Palacio al empresario Fortunato Canaán, dueño de la postiza Discover Petroleum.

Por su parte, Luis Nava, secretario e íntimo colaborador de García, visitó más de una vez a Canaán en su hotel. También Nava estaba necesitado de fondos para su millonaria campaña en pos de un asiento en el Parlamento Andino.
El hecho de que en todos los escándalos de corrupción figuren dirigentes del Apra explica por qué en las encuestas el Partido Aprista es considerado como el más corrupto del Perú. Yo añadiría que es el partido de los personajes más cínicos.

Cualquier ciudadano puede otorgar a esos políticos asimismo el rol de los más exhibidos por el poder mediático en programas estelares, como estrellas de inocencia rutilante. Eso revela la degradación moral que campea en ese sector. Hace años, Francisco Umbral, el gran escritor y columnista español, dijo que la televisión basura no es más que el reflejo de la vida basura que llevamos. El cáncer de la desvergüenza se ha extendido demasiado en nuestro país.

Ahora que se reabre el caso de los petroaudios, sería necesario que los medios dominados por la derecha hagan un esfuerzo de imparcialidad.

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