La oligarquía latinoamericana y su orquestador el imperialismo
celebran con júbilo su vuelta al poder en Argentina y su triunfo
parlamentario en Venezuela. Sin embargo, sus himnos triunfales cargan
acordes oscuros.
Mauricio Macri, recién instalado en la presidencia argentina, ha
desatado una guerra relámpago contra el pueblo y el interés nacional. El
precio del pan, de la carne, de la gasolina y de los fármacos ha subido
en ascensor, gracias a sus medidas económicas neoliberales que han
encarecido el dólar. Al mismo tiempo ha emprendido una ola de miles de
despidos.
Por si fuera poco, Macri ha procedido a instalar en ministerios y
secretarías de Estado a exgerentes (exCEO== chief excutive officer) de
Shell, General Motors, Grupo Clarín, LAN, Banco J.P. Morgan, Citibank,
Telefónica, Coca-Cola, entre otros.
Macri engañó a los argentinos con la sonriente promesa de cambios.
Los cambios están a la vista. En menos de tres semanas, el presidente ha
suscitado la indignación y las protestas de los argentinos, sobre todo
de la clase obrera.
En Venezuela el panorama es distinto, pero con semejanzas de fondo.
En primer lugar, Macri ganó la presidencia en un cuasi empate, con
apenas dos puntos y medio de ventaja. En Venezuela, la derrota del
régimen chavista fue aplastante y sorprendente. Algo falló en la
conducción de un movimiento que ha hecho tanto bien al pueblo
venezolano, y que quizá no ha sabido educar y forjar conciencia
política.
Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño de la
Universidad de Río de Janeiro, ha precisado en un texto los límites de
la derecha en América Latina. Apunta que la derecha venezolana obtuvo en
la elección Legislativa 400 mil votos más que en la elección anterior.
Plantea la conjetura de que esos fueron votos castigo de chavistas
descontentos. Pero hubo también una gran abstención de dos millones de
chavistas. Esos son, considera Sader, una reserva de apoyo para el
gobierno.
Un examen autocrítico de esos factores hubiera sido bueno. En mi
permanente incomunicación con publicaciones de Venezuela, ignoro si eso
se ha producido.
El politólogo brasileño señala una pauta para la contraofensiva popular latinoamericana:
“Lo determinante será la postura política de la izquierda, de
proponer alternativas concretas, de desencadenar la lucha de ideas y ser
capaz de movilizar a los más amplios sectores populares en la
resistencia en contra de la derecha, dirigiendo, de forma unificada, la
continuidad de las luchas en contra del neoliberalismo y de los intentos
de restauración conservadora en nuestras sociedades”.