El siguiente es un texto breve y simple, escrito para un homenaje a José Carlos Mariátegui organizado por un grupo de alumnos de la Universidad Federico Villarreal para hoy viernes. Es apenas un apunte y un resumen, que expresan mi admiración y mi respeto por el gran pensador y luchador social.
No saben ustedes cuánto agradezco y celebro que hayan organizado este homenaje al gran pensador socialista José Carlos Mariátegui, y que me hayan invitado a participar en él. No puedo estar presente, debido a que en estas mismas horas debo dictar clases en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
En plena juventud, a los 24 años de edad, antes de su periplo europeo, se solidarizó con el paro proletario por la jornada de ocho horas. A su regreso de Europa trabajó para crear la Confederación General de Trabajadores del Perú, la gloriosa CGTP.
Nos hizo comprender que la comunidad campesina tenía un potencial de desarrollo y resaltó los valores de las lenguas nativas.
Ejemplar es su inquietud cultural, que lo llevó a exaltar los valores estéticos de la pintura expresionista, el teatro de Pirandello, la novela de James Joyce, la poesía de José María Eguren y César Vallejo. No hizo concesiones al panfleto, la superficialidad o el populismo literario.
Mariátegui fue también gran defensor de la unidad del Perú. Buscó el descentralismo no para dividir al Perú, sino para renovarlo sobre bases más justas.
No puedo omitir que el Amauta enarboló el derecho del proletariado a tener su partido de clase, frente a la idea de Haya de la Torre de diluir en un frente único, supuestamente antiimperialista, todas las clases y todas las ideologías.
Por todo ello, rendir homenaje a Mariátegui es para los jóvenes una forma de asumir responsabilidades, sin “el alibí”, sin la coartada de la juventud, como exigió Mariátegui, eternamente joven.
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