El pedido de facultades
legislativas que el Ejecutivo va a presentar al Congreso no ha sido
diseñado para el año de gobierno que aún le queda a Ollanta Humala. Su
propósito es reforzar a largo plazo la dictadura neoliberal. La idea es
que el próximo gobierno, cualquiera que sea su programa u orientación,
esté sometido a la voluntad de la gran empresa nacional o extranjera.
Ni Cateriano ni Alonso Segura, ministro de Economía, han ocultado ese
propósito. “A nadie le interesa”, ha dicho el lunes 1 el premier,
“incendiar la pradera desde el punto de vista económico. Lo racional es
que este gobierno acabe bien para entregar al siguiente gobierno un país
con finanzas saneadas y con un rumbo económico bien encaminado”.
A eso va el paquetazo que el presidente Humala y su equipo quieren
descargar sobre las espaldas del pueblo. No se trata de para vivir
mañana. Se busca gobernar, sin votos, para el futuro.
Sincero ha sido el ministro Segura, exfuncionario de la banca
internacional, al perfilar las medidas que se alistan en Palacio en
declaración para El Comercio: “las medidas que se buscan (sic)
implementar en esta delegación de facultades están enfocadas en mirar
más el largo plazo que el corto plazo”.
El objetivo central, según los fautores del plan, es “destrabar
inversiones”. Guerra avisada: los amos podrán envenenar ríos, aniquilar
bosques, frustrar campiñas como las de Islay o Cajamarca, para “aumentar
el proyecto bruto interno”. Sí, muy bruto.
Por si acaso, sobre eso no se podrá discutir, puesto que ya estará
regulado y blindado por la majestad de la ley. Para asegurar el candado,
Cateriano anuncia que luego se pedirán facultades en seguridad
ciudadana y en temas sociales.
Recordemos que el neoliberalismo no puede convivir con la democracia.
En América Latina dieron el play del deshonor los Chicago Boys de
Milton Friedman, que aconsejaron al asesino y ladrón Augusto Pinochet, y
llevaron a la ruina no solo la democracia en Chile.
¿Qué nos espera? Una Ley de Seguridad Interior plagiada de la que
dictó el general Manuel Arturo Odría? ¿La autorización para meter bala a
manifestantes descontentos?
El régimen parece confiar en que el actual Congreso abdicará de su
función legisladora y arrebatará ese poder también a congresistas
futuros.
Los sectores progresistas y de izquierda deben calcular, a la luz del
proyecto Cateriano, el tamaño de la amenaza que se cierne sobre el
Perú. Buena ocasión para cerrar filas y ajustar la puntería.
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