miércoles, 1 de julio de 2015

Una feria de libros y de vida

Días atrás acudí invitado a la VII Feria del Libro de Huancayo, y me llené de sorpresas y de alegría. En primer lugar, supe del origen de la Feria. Resulta que hace siete años, el joven estudiante y empresario huancaíno Willy Mateo Cisneros, quien vivía cerca del Parque Kennedy y admiraba cada año la Feria del Libro que allí se celebraba, decidió realizar algo parecido en su tierra.
Así comenzó esta ceremonia ritual del libro que él promueve –y financia– solo. Estuve dos días ahí, contemplando los libros que 60 editoriales han enviado, entre ellas las de las principales universidades del país, y el incesante desfile de jóvenes, chicas y chicos, que acuden.
En ese océano de volúmenes y personas, encontré algo que había buscado durante casi medio siglo. Creo que vale la pena contarlo.
En 1968, de regreso de Moscú, donde había vivido dos años, retorné, a invitación de Doris Gibson, a Caretas. A pedido mío, mi primera comisión fue entrevistar en Chupuro, Junín, a Zenobio Dagha, genio de la música popular huanca. Fuimos para allá, en una camioneta de la revista, con el gran fotógrafo Víctor Manrique. Manuel Acosta Ojeda, mi amigo fraterno, se coló.
Una tarde llegamos a la casa huancaína de “El Mocho” Néstor Chávez, gran folclorista y amigo de Acosta. Chávez nos hizo escuchar una grabación antigua de mulizas interpretadas por las hermanas Iraida y Olinda Palomino Callirgos. Voces, estilo y repertorio inolvidables. Desde entonces busqué con ansiedad una grabación de ellas. Encargué a musicólogos, historiadores, trotamundos, cantantes: nada.
Décadas y décadas, arañando el olvido. De pronto, este lunes 29 de junio, al salir de la Feria guiado por Willy Mateo, nos dimos con el profesor Guillermo Joo Muñoz, a quien yo no conocía. Un breve diálogo me enteró de su condición de historiador de lo huanca. Entonces, remontando olas de recuerdo, me atreví a preguntarle por el disco de las hermanas Palomino Callirgos.
Saltó la sorpresa. Tiene una grabación con seis canciones. Me va a remitir una copia. La voy a escuchar a solas, escondido, adormecido por la emoción.
Vuelvo a la Feria. La inauguró Miguel Gutiérrez, quien presentó su novela Kimper y declaró que solo escribe de noche. Celebrada fue la disertación de Enrique Verástegui sobre su programa de Cienciasofía. Daniel Titinger mostró a Julio Ramón Ribeyro bajo la estampa de Un hombre flaco. Augusto Higa llegó con una novela y un libro de cuentos, y Jorge Eslava con su novela Clave de sol.
Se calcula que cien mil visitantes acudirán a la Feria. Muchos de ellos, dada su edad, se iniciarán en el vicio impune de leer.

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