miércoles, 22 de julio de 2015

Cuba es una fiesta

No solo Cuba, toda América Latina celebra la apertura de las embajadas de Cuba en Washington y la de los Estados Unidos en La Habana. En conceptuoso discurso, cargado de historia, de razón, el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, rememoró un hecho conmovedor.
Dijo al reabrir la sede diplomática en Washington: “La bandera que honramos a la entrada de esta sala es la misma que aquí fue arriada hace 54 años, conservada celosamente en la Florida por una familia de libertadores y luego por el Museo de nuestra ciudad oriental de Las Tunas, como anticipación de que este día tendría que llegar”.
Esa frase está cuajada de luto, combates, lágrimas y esperanzas. He escrito que este hecho alegra a toda América Latina, que en más de una cita continental expresó, por unanimidad, su apoyo a Cuba, por encima de divergencias políticas e ideológicas con el régimen de la isla.
En esta celebración cabe precisar dos hechos:
1.- Las relaciones entre ambos países no las rompió Cuba, sino Estados Unidos. El propósito declarado era sembrar el hambre y la desesperación, y traerse abajo al primer gobierno socialista de Nuestra América. Al final, como lo reafirmó ayer John Kerry, el secretario de Estado norteamericano, fueron los Estados Unidos los que resultaron aislados.
2.- Cuba y su pueblo fueron víctimas de campañas de odio, incluyendo actos de terrorismo. La que era la potencia mayor del mundo no pudo con la voluntad y la conciencia de un pueblo, que padeció privaciones, en gran parte debido a un cruel bloqueo económico, comercial y financiero. “Este acto ha sido posible –expuso el canciller cubano– por la inquebrantable voluntad, la unidad, el sacrificio, la abnegación, la heroica resistencia y el trabajo de nuestro pueblo”.
Esto implica que no todas las diferencias están resueltas entre los dos países. Guantánamo, territorio cubano, lo detenta Washington. Debería ser devuelto a Cuba. Kerry no parece creerlo así. El bloqueo puede ser mitigado.
El canciller de Cuba sintetizó la decisión de Cuba de “avanzar, mediante el diálogo basado en el respeto mutuo y la igualdad soberana, hacia una convivencia civilizada”.
Rodríguez explicó en su discurso que hasta hoy, durante más de un siglo, las relaciones, entre Washington y La Habana han sido anormales. No puedo omitir un debate universitario en los Estados Unidos, a principios del siglo XIX, sobre si la Unión debería anexarse a Cuba. En pleno siglo XX, Norteamérica apoyó, armó y financió al dictador sanguinario Fulgencio Batista, contra el cual se levantó Fidel Castro. Más reciente es la invasión a Cuba, también financiada y armada por la Casa Blanca.
Ojalá se quiebre en Washington esa tradición vergonzosa.

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