El paro nacional que este jueves 9 recorrerá, con marchas y banderas, el Perú promete ser expresión cabal del descontento frente a la política de injusticia para los trabajadores de la ciudad y el campo, y contra la impunidad con que se premia a los asesinos de sindicalistas.
Organizaciones obreras y campesinas, regiones, maestros y estudiantes, profesores universitarios, médicos y empresarios han anunciado su adhesión a esta lucha impulsada por la Confederación General de Trabajadores del Perú, pero que abarca contingentes más amplios, en días en que el régimen de Ollanta Humala se hunde en el descrédito.
El político que prometió reformas y cambios no radicales, pero sí urgentes, es ahora gestor de acuerdos transnacionales que encarecerán las medicinas y nos ata a una Alianza del Pacífico que sabotea la unidad latinoamericana y solo beneficia a los Estados Unidos. El tránsfuga que prometió alentar la industria está destruyendo la industria textil peruana, como lo atestiguan los empresarios de Gamarra.
En días en que el Papa Francisco defiende el derecho al agua para los más pobres, Humala busca privatizar Sedapal. Mientras el Sumo Pontífice asume la defensa del medio ambiente, el presidente se ha convertido en abogado del proyecto Conga y de Tía María.
El personaje que en la campaña electoral ganó cientos de miles de votos con sus promesas de defender los derechos laborales y sofrenar la ola de asesinatos contra dirigentes de la CGTP y Construcción Civil, ampara ahora a la mafia de extorsionadores homicidas que surgió al conjuro del entonces presidente Alan García, cuyo heredero y continuador gobierna hoy en Palacio, bajo la dirección de Nadine Heredia.
El amparo de la injusticia, la red del abuso y la corrupción, el dominio de la antipatria, la militarización para reprimir reclamos regionales y sociales: contra todo eso se levanta el paro sindical y civil del jueves próximo.
El desgobierno en un país golpeado por una crisis económica, política, social y moral resulta insoportable. La soberbia de la pareja presidencial le impide percatarse de la realidad. La exigencia de cambios, al compás de las masas, puede lograr, como en el combate de los jóvenes, que siquiera se mitigue el abuso y se abra el diálogo más allá de la CONFIEP.
Los conductores del paro han llamado a que este sea firme, multitudinario y pacífico.
Ojalá que el clamor de esa movilización abra los oídos de los gobernantes.
La voz del pueblo debe ser escuchada. Y obedecida.
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