Sergio Tejada, el congresista de la Megacomisión que Alan García detesta, ha anunciado la creación del Bloque Nacional Popular, un conjunto de organizaciones regionales y sociales que aspira a ayudar en la tarea de forjar la unidad del pueblo. Lo ha hecho en un concurrido acto público.
La gran tarea de la coalición recién nacida consiste, según explicó Tejada, en: “convertirse en un instrumento político para la forja de la unidad más amplia de nuestro pueblo”.
En el Bloque se inscriben congresistas desengañados por la apostasía de Ollanta Humala respecto a principios nacionalistas, así como cuadros jóvenes del movimiento popular, deseosos de encontrar un camino para unir a las fuerzas nacionalistas y progresistas, que conduzca a la transformación social que el Perú requiere.
La presencia de Tejada al frente del Bloque es prometedora. Se trata del congresista que se ha enfrentado con las armas de la verdad y la honestidad a la corrupción encarnada por Alan García. Es, además, un político joven, en un país donde la vieja guardia de la izquierda ha demostrado limitaciones intelectuales y orfandad de cuadros, y debiera ya, como aconseja Héctor Béjar, jubilarse. Encarna Tejada el sentido ético que tanta falta hace en nuestra escena política.
Así como en el nombre del movimiento de Marco Arana y Marisa flamean ecos de las banderas de la Revolución Mexicana, en la partida de nacimiento del Bloque siento reflejadas ideas germinales de Antonio Gramsci, el héroe del marxismo italiano, quien fue encarcelado y torturado por el fascismo, y negado a la vez por el PC, que él había contribuido a crear en ruptura con la socialdemocracia.
En más de una ocasión he recordado la escena de televisión en Canal 5 en que el entrevistador Humberto Martínez Morosini preguntó, con sorna, a Alfonso Barrantes: “¿Usted, doctor Barrantes, sigue creyendo en la revolución?”.
La respuesta, fulgurante, fue:
—Vea, amigo Humberto, en el Perú, un gobierno honesto ya sería una revolución.
El surgimiento del Bloque, con su horizonte unitario, debería ayudar a debatir, unir y luchar, a las fuerzas del progreso.
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