domingo, 26 de abril de 2015

1°. de Mayo como frente único

Escribo esta columna no solo por conciencia y deber, sino obedeciendo a requerimientos sindicales y estudiantiles, que desean conocer mi opinión sobre la coyuntura laboral y política. La masiva jornada de lucha del 8 de abril, convocada por la CGTP, ha abierto la cortina de una etapa social nueva. El gran preludio fue el movimiento de los jóvenes contra la “Ley Pulpín”.

La convocación empezó con una invitación de la Federación Textil y otras organizaciones sindicales a un conversatorio sobre el significado del 1°. de Mayo. El acto será en el local de la Federación Telefónica (jirón Talara 751), el martes 28, a las 5:30 p.m. Estudiantes de San Marcos y Villarreal me han pedido exponer sobre la historia y la actualidad de los trabajadores peruanos.

No puedo abarcarlo todo aquí. Sobre la historia proletaria he escrito más de un artículo y ensayo, desde que, a los 20 años de edad, edité El periódico El Metalúrgico, órgano del Sindicato Metalúrgico de La Oroya.

Sobre el presente pesan tres preocupaciones centrales: la ola de despidos de dirigentes sindicales; la vigencia del Decreto Supremo 013 que permite a las empresas los despidos colectivos, si se reducen sus ganancias; el asesinato programado de dirigentes de construcción civil.

Coincido en ese sentido con la plataforma de lucha de la CGTP, la cual exige el aumento de la remuneración mínima vital y el rechazo a la nueva ley de trabajo juvenil. Me alegra que esa central reclame una nueva Ley General del Trabajo, para la cual prepara su propio proyecto.
En el campo de la política, teniendo a la vista las elecciones del 2016 tengo una percepción alentadora, que no proviene de grupillos intelectuales, arbitrarios y soberbios. Por lo menos desde enero, gracias a mis vínculos con las bases del movimiento obrero y popular, sé que ese sector no convoca la simpatía de abajo, ni moviliza a las masas.

Algunos compañeros defienden su punto de vista atribuyendo errores y hasta tonterías a quienes no los acatan. Afirman, por ejemplo, que esos sectarios afirman que lo importante no es la unidad, sino los principios. No conozco a nadie que propugne esa insensatez. Se busca la unidad, pero con principios. Entre estos se exige la ética. Hay, en el lado de Salomón Lerner, alguien que ha sostenido que Yehude Simon “puede servir para ampliar los aliados tanto como se pueda”.

Otro desatino atribuido a los no seguidores es que estos creen que el debate es sobre las luchas populares y no sobre las elecciones. Ignoro quién mantiene tal majadería. No hay contradicción entre lucha popular y lucha electoral.

¿Qué les pasa? ¿Quieren arrastrar a toda la izquierda y a los trabajadores a un previsible naufragio? Me niego a aceptarlo. Yo deseo la unidad entre distintos, pero sin trampas.

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