jueves, 3 de septiembre de 2015

La guerra del fin del Diario UNO

Continúa la ofensiva del Apra y los apristones para desacreditar a nuestro diario, con el objetivo final de hacernos desaparecer. Entre sus armas figura un argumento que no solo es falso, sino que es sobre todo estúpido: que Nadine Heredia es la verdadera propietaria de La Primera, dando a entender que también es dueña del Diario UNO.

La congresista Marisol Pérez Tello, presidenta de la Comisión del Congreso que investiga a Martín Belaunde Lossio, parece que no lee ni ha leído nunca el diario que dirijo desde julio del 2007. Si lo hubiera hecho, se habría percatado de nuestra independencia. En ese momento, julio del 2007, faltaban cuatro años para las elecciones del 2011.

También se hubiera enterado de que en esta columna denunciamos el 26 de julio del 2011, dos días antes de que Ollanta Humala se instalara en el sillón presidencial, su traición a las promesas que hiciera durante la campaña electoral, al nombrar a un presidente del Banco Central de Reserva y a un ministro proveniente del neoliberalismo y las instituciones financieras que el imperio maneja. Nuestro título fue rotundo: Media vuelta a la derecha.
No hemos cedido desde entonces en nuestra línea crítica. Y respecto a la señora Heredia, temprano vimos y expusimos su papel de ala derecha de la pareja presidencial.

Conociendo el carácter autoritario de la primera dama, ¿cree alguien que si fuera propietaria de La Primera (y del Diario UNO) habría permitido esa actitud?
Ayer, en entrevista de La República, la señora Pérez Tello expresó: “Según las declaraciones de más de una de las personas invitadas, el verdadero dueño de La Primera es la propia Nadine Heredia”.

Por su parte el congresista Teófilo Gamarra, de la bancada oficialista, dijo al respecto a La República:
“Lo que hay es la declaración de Álvaro Gutiérrez, quien, cuando se le preguntó por qué dijo eso, no supo qué decir y se remitió a las agendas. Cuando se le hizo preguntas sobre las supuestas agendas, no quiso decir nada. ¡Cómo se puede considerar un testimonio cuya fuente no ha sido reconocida ni corroborada!”.

En el arsenal de nuestros detractores solo figuran insultos y mentiras. Su musa inspiradora es Alan García, quien, a fines de junio de este año, desesperado por no salir airoso del interrogatorio a que lo sometió el fiscal, nos acusó de recibir dinero negro de Palacio. “Era”, escribimos en nuestra columna del 28 de junio, “un cargo torpe contra un diario que no goza de ningún favor oficial”.

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