La presencia del Papa
Francisco en Cuba es en varios sentidos un hecho histórico no solo para
la isla, sino para toda América Latina. Su mensaje de paz saluda el
proceso de normalización de las relaciones de Cuba con los Estados
Unidos, y además contribuye a desalentar a los sectores del odio, la
violencia y el golpismo contra los regímenes progresistas del
continente.
El discurso del Sumo Pontífice al arribar a La Habana incluyó esta
frase dirigida a Raúl Castro: “Quisiera pedirle a Usted, Señor
Presidente, que transmita mis sentimientos de especial consideración y
respeto a su hermano Fidel”.
Esa frase me hizo recordar las palabras que Juan Pablo II dijo a los
periodistas en el avión que lo llevaba a Cuba: “Me he convencido de que
el Che Guevara luchaba por los pobres”.
En su discurso de bienvenida al Papa Francisco, Raúl Castro había
señalado hondas coincidencias de Fidel con aquel respecto al medio
ambiente y en el afán de eliminar el hambre y no el hombre. Dijo Raúl
Castro: “Para lograr una sociedad más justa y solidaria hemos trabajado
con sumo esfuerzo y asumido los mayores riesgos… Lo hemos hecho
bloqueados, calumniados, agredidos, con un alto costo de vidas humanas y
grandes daños económicos”.
En su mensaje de arribo, el Papa llamó a proseguir el proceso de
normalización entre Cuba y los Estados Unidos. Y citó a José Martí al
señalar que ese proceso es un signo de la victoria de la cultura del
encuentro, del diálogo, del “sistema del acrecentamiento universal, por
sobre el sistema, muerto para siempre, de dinastía y de grupos”.
En otro pasaje, el Papa señaló que “Cuba es un archipiélago que mira
hacia todos los caminos, con un valor extraordinario como “llave” entre
el norte y el sur, entre el este y el oeste. Su vocación natural es ser
punto de encuentro para que todos los pueblos se reúnan en amistad, como
soñó José Martí, ‘por sobre la lengua de los istmos y la barrera de los
mares’”.
Se sabe que el Papa pesó en el inicio del proceso de mejora en la relación de Cuba con los Estados Unidos.
En su bienvenida, el presidente Castro precisó: “El bloqueo, qué
provoca daños y privaciones a las familias cubanas, es cruel, inmoral e
ilegal, debe cesar”.
Ese bloqueo ha sido condenado por todos los Estados americanos, con
excepción de los Estados Unidos, y por el mundo entero, con excepción de
los Estados Unidos, Israel y alguna isla anónimo. Cabe esperar –fe y
esperanza– que en su inminente visita al Tío Sam, Francisco abogue por
la cesación de ese crimen prolongado.
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