La televisión ha mostrado
ya los frutos de la campaña “chapa tu choro”. Jóvenes delincuentes o
supuestamente tales torturados a mansalva por vecinos iracundos. Cecilia
García, periodista y empresaria huancaína forjadora de la idea, afirma
que esta solo busca generar conciencia y solidaridad. En realidad lo que
ella propugna es una forma arcaica de castigo: Ese sistema ignora que
existen formas civilizadas de represión y que el nuevo método puede
conducir al exceso y al asesinato. El maltrato puede dejar inválido a
alguien que ha cometido un robo de poca monta y hasta a un inocente.
El nombre de la campaña proviene del lenguaje del hampa, del lunfardo
argentino. Eso es de por sí signo del lumpen que pretende combatir. Si
el ejemplo de las palizas cunde, veremos aparecer vengadores que
aplicarán la violencia en retaliación por los victimados. La guerra de
nunca acabar.
Se pueden suponer consecuencias muy graves. En primer lugar, la
policía y la justicia deberán reprimir a vecinos coléricos que hayan
causado lesiones graves. Si un torturado muere ¿quién cargaría con la
culpa? ¿la señorita Cecilia García?
¿Habría que aplicar la sanción que el Éxodo bíblico propone: “Mas si
hubiera muerte entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por
diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por
herida, golpe por golpe”?
Es una compensación primitiva, tan primitiva como la propuesta de la
periodista huancaína. Sería, horroroso que a ella o a cualquier otra
persona se le aplicaran tantos correazos como los recibidos por los
delincuentes reales o supuestos.
Lo que es peor, esa sanción no hará sino elevar la espiral de violencia que padece el país.
En los últimos días se ha descubierto un nuevo tipo de extorsión,
aparte de la que, gracias a Alan García, victima sindicalistas de
construcción civil. Se ha extendido el empleo de granadas de guerra para
amenazar y cobrar cupos a colegios.
Ahí se puede ver la esterilidad de la justicia por mano propia. No se
puede combatir a tales delincuentes amenazándolos con granadas.
Para enfrentar a estos malvados, así como a los choros de la García,
hay que recurrir a la organización y la acción ciudadana. No para
recurrir al puntapié o el correazo, sino para emplear la acción
colectiva a fin de capturar a los maleantes y entregarlos a la policía y
la justicia.
No creo que la campaña “chapa tu choro” conduzca a descubrir, capturar y condenar a ciertos choros de cuello y corbata.
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