miércoles, 7 de octubre de 2015

El billete falso de García

Alan García es un doctor falso y un falso abogado; pero es además un amañado precandidato del Apra a la presidencia de la República. Lo acaban de lanzar sus allegados, que saben que él no tiene contendores en el aprismo, en cuyo seno ya no hay cuadros de categoría, excepto para la corrupción y la retórica hueca. Sus acólitos saben que él les gana, de lejos, a todos.

El hecho de que el partido que fuera de Haya de la Torre, Manuel Seoane, Luis Alberto Sánchez, Antenor Orrego, Ciro Alegría, Magda Portal y Andrés Townsend no tenga nada que ofrecer, salvo García, refleja la honda decadencia ideológica y moral en que el alanismo ha hundido a la otrora poderosa organización.

García mismo, que en su primera campaña presidencial, en 1985, obtuvo, en la primera vuelta, 46 por ciento de los votos, se ha encogido hasta apenas el 5 por ciento de la intención de voto. En aquel proceso, los apristas llenaron el Parlamento con 105 diputados y 30 senadores. Ahora solo tienen cuatro congresistas (cuatro gatos que acaparan televisión y prensa como si fueran ciento).

El doctor bamba que ahora es el precandidato bamba ha sido el causante de esa hecatombe política. Desde su primer periodo sacó las garras, con la estafa de los aviones Mirage, el negociado del tren eléctrico, la matanza de los penales.

De ese primer periodo es el escándalo de los dólares del Mercado Único de Cambio (dólares MUC), que sirvieron para que muchos compañeros y asociados compraran billetes verdes a precio estatal y los vendieran luego a precio alto en el mercado libre. De ese faenón surgieron millonarios, miembros del Apra ¡qué casualidad!

De ese ejercicio presidencial de García proviene su primer crimen económico: elevó la inflación a cifras astronómicas y convirtió el sol peruano en moneda irrisoria, que tuvo que ser reemplazada por el inti.

Después han venido la venta a una empresa peruanochilena, a precio de regalo, del campo de aviación civil de Collique y del terreno del Ministerio de Educación, así como la venta de indulgencias a favor de narcos y otros malhechores y el control del Poder Judicial.
Entre sus culpas por pagar figuran ahora sus vínculos con la mafia corrupta de Brasil.

García ha montado la farsa de unas elecciones internas del Apra para elegir el candidato a la presidencia de la República. No se necesita ser brujo para saber que el resultado ya está acordado en la cúpula partidaria, y que para garantizar su pureza estará alerta una manada de búfalos, armados de garrotes, navajas y pistolas. Al final, el gran dictador podrá cantar: “Pero sigo siendo el rey”.

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