Alan García es un doctor falso y un falso
abogado; pero es además un amañado precandidato del Apra a la
presidencia de la República. Lo acaban de lanzar sus allegados, que
saben que él no tiene contendores en el aprismo, en cuyo seno ya no hay
cuadros de categoría, excepto para la corrupción y la retórica hueca.
Sus acólitos saben que él les gana, de lejos, a todos.
El hecho de que el partido que fuera de Haya de la Torre, Manuel
Seoane, Luis Alberto Sánchez, Antenor Orrego, Ciro Alegría, Magda Portal
y Andrés Townsend no tenga nada que ofrecer, salvo García, refleja la
honda decadencia ideológica y moral en que el alanismo ha hundido a la
otrora poderosa organización.
García mismo, que en su primera campaña presidencial, en 1985,
obtuvo, en la primera vuelta, 46 por ciento de los votos, se ha encogido
hasta apenas el 5 por ciento de la intención de voto. En aquel proceso,
los apristas llenaron el Parlamento con 105 diputados y 30 senadores.
Ahora solo tienen cuatro congresistas (cuatro gatos que acaparan
televisión y prensa como si fueran ciento).
El doctor bamba que ahora es el precandidato bamba ha sido el
causante de esa hecatombe política. Desde su primer periodo sacó las
garras, con la estafa de los aviones Mirage, el negociado del tren
eléctrico, la matanza de los penales.
De ese primer periodo es el escándalo de los dólares del Mercado
Único de Cambio (dólares MUC), que sirvieron para que muchos compañeros y
asociados compraran billetes verdes a precio estatal y los vendieran
luego a precio alto en el mercado libre. De ese faenón surgieron
millonarios, miembros del Apra ¡qué casualidad!
De ese ejercicio presidencial de García proviene su primer crimen
económico: elevó la inflación a cifras astronómicas y convirtió el sol
peruano en moneda irrisoria, que tuvo que ser reemplazada por el inti.
Después han venido la venta a una empresa peruanochilena, a precio de
regalo, del campo de aviación civil de Collique y del terreno del
Ministerio de Educación, así como la venta de indulgencias a favor de
narcos y otros malhechores y el control del Poder Judicial.
Entre sus culpas por pagar figuran ahora sus vínculos con la mafia corrupta de Brasil.
García ha montado la farsa de unas elecciones internas del Apra para
elegir el candidato a la presidencia de la República. No se necesita ser
brujo para saber que el resultado ya está acordado en la cúpula
partidaria, y que para garantizar su pureza estará alerta una manada de
búfalos, armados de garrotes, navajas y pistolas. Al final, el gran
dictador podrá cantar: “Pero sigo siendo el rey”.
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