Escribo a la luz
del primer bloque del debate presidencial que se enfocó en la Visión
del Perú. Como era previsible, los mejores expositores fueron Verónika
Mendoza y Alfredo Barnechea, y la sorpresa mayor la brindó Gregorio
Santos, quien salió de la cárcel para enfrentar la polémica.
La candidata Mendoza precisó por qué y para qué el Frente Amplio quiere cambiar el modelo
económico que privilegia a unos pocos y perjudica a la mayoría. Hubo
durante su intervención un curioso bache. Fue, ¡qué casualidad! cuando
dijo: “recuperaremos soberanía sobre nuestros recursos naturales”.
Por supuesto que casi todos los demás candidatos (Keiko Fujimori,
Alan García, PPK, Antero Flores-Aráoz) tienen baldones entreguistas.
Santos, el prisionero, señaló que en el Perú oficial
y en los candidatos hay un olvido de las ideas y propuestas de José
Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre y Jorge Basadre. Fue un
acierto.
En más de una ocasión en esta columna y otros medios, he expuesto la
idea de que el gran proyecto revolucionario del Perú puede forjarse
sobre la base del programa de Mariátegui y el trazado en la segunda
edición de Perú: Problema y Posibilidad. (Banco Internacional del Perú,
1978). He aquí párrafos elocuentes:
“El desarrollo
económico auténtico implica la ampliación de bienes y servicios pero no
es solo eso. Queda definido mejor en términos que eleven los niveles de
subsistencia, dignidad y libertad humanas y combatan la pobreza, el
desempleo y la desigualdad.
“A estas alturas del siglo XX, ya no es posible cerrar los ojos ante
el hecho de que el Estado ha adquirido una importancia que los
pensadores liberales del siglo XIX no vislumbraron. Y el Estado no puede
ni debe seguir siendo un conjunto de oficinas retardatarias como lo fue
antaño, un botín de políticos audaces, un refugio para quienes no
hallaron cabida en las luchas de la vida social, o un instrumento fácil
para el sucio juego de intereses privados. El Estado debe ser por
ahora, y lo será por algún tiempo, un conjunto dinámico de organismos
reguladores e impulsores de la vida colectiva.”
Barnechea agarró carne cuando recordó que el gas de Camisea fue
malbaratado al capital foráneo. Recibimos por el gas miles de millones
de dólares menos que Bolivia. También
fue positiva su propuesta de industrialización, sobre la base de la
petroquímica, a fin de salir de nuestra tradición primario exportadora.
Alan García volvió a mostrar su cinismo, frente a la andanada de
Fernando Olivera, que le enrostró sus delitos con el tren eléctrico de
Lima, el negociado con los narcoindultos, el baguazo, el Lava Jato, su
respuesta fue el silencio. Sabe sin duda que sus crímenes son
indefendibles.
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