Ayer, El Comercio publicó una entrevista de Mariella Balbi al exfiscal adjunto de la Corte Suprema Avelino Guillén. El texto, desplegado en dos páginas, incluye una afirmación sin pregunta de la entrevistadora:
“Al parecer el diario La Primera se compró con plata de Venezuela.”
El comentario de Guillén fue este: “Es una información preocupante. Se ha negado pero se debe esclarecer con las investigaciones.”
En verdad, la presunción sin pruebas encerraba ya una respuesta. No sabemos en qué se basa la señora Balbi para soltar ese “al parecer”. Lo que sí conocemos es que La Primera en su etapa de julio de 2007 al 2014 fue un cotidiano con signos evidentes de pobreza, que, en la presente vestidura de Diario Uno, seguimos padeciendo. Además, Balbi asevera que los aportes venezolanos fueron para la campaña del 2006. Nosotros aparecimos el 2007.
El dardo lanzado al aire obedece sin duda a la campaña del Apra contra nuestro periódico. No conocemos su fuente. Sí sabemos del estilo y la técnica de una dama que no cultiva la entrevista de profundidad, nutrida de investigación, contexto e independencia.
Puede suponerse que alguien le ha transmitido la consigna de atacarnos a como dé lugar, sin ton ni son, sin pregunta incisiva, sin averiguación.
La conversación con el doctor Guillen está centrada en las agendas que se atribuyen a Nadine Heredia. Acerca de estas, la encuesta urbano rural de GfK y La República indica que el 61 por ciento de los encuestados considera que son auténticas y corresponden a la señora Heredia. Creemos que toca a la justicia investigar y acudir, en caso necesario, a un examen grafológico.
En todo caso, no sabemos si de ahí extraen datos sobre la supuesta financiación de La Primera por Venezuela. La señora Balbi busca hacer creer que ese diario se compró con dinero venezolano. Deben de haber sido muy pocos bolívares, porque en el momento de tal venta La Primera estaba en vías de extinción.
En el supuesto de que hubiera ocurrido esa transacción, la persona dueña de las agendas a lomejor sobrevaluó la inversión o, lo que es peor, se adueñó de un dinero que no estaba destinado a su chequera.
Lo que sabemos en carne propia es que en La Primera nunca vimos signos exteriores de riqueza.
Desde que abrimos una nueva etapa de La Primera, los Jorge del Castillo y otros apristas o apristones nos han acusado de estar pagados por Hugo Chávez y el chavismo. Como es costumbre en el partido más corrupto del Perú, nunca han aportado prueba o siquiera un leve indicio. Alguna vez, riéndonos, decíamos entre amigos: ¡ojalá el comandante Chávez nos enviara aunque sea unos cuantos barriles de gasolina!
Si esto hubiera ocurrido, habríamos enviado el combustible a periodistas como Mariella Balbi. Nosotros no tenemos automóvil.
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